
Volumen 1: petroleros
PRESENTACION
El primer volumen de la colección Los sindicatos nacionales en el México contemporáneo está dedicado al análisis de los movimientos sindicales y políticos de los trabajadores petroleros. Se incluye un trabajo sobre periodización global; varios que analizan el movimiento durante el cardenismo y décadas posteriores; análisis específicos de secciones fundamentales como las de Poza Rica y Minatitlán; así como las formas de dominación sindical concretas que asume el “charrismo” en la poderosa organización petrolera.
Existen múltiples aspectos que justifican la importancia y necesidad de analizar los movimientos sociales vinculados a la rama petrolera, ya que, desde el punto de vista económico, hay que tener presente que el petróleo se ha convertido en uno de los energéticos fundamentales del mundo contemporáneo. Desde 1973-1974 la dinámica petrolera y sus efectos han estado presentes en las decisiones del mundo financiero internacional y seguramente continuarán desempeñando un papel de primera línea hasta finales del presente siglo. Por estas mínimas consideraciones es prudente el análisis de la actividad petrolera, tanto en los aspectos internacionales como en los nacionales.
En el caso mexicano no resulta exagerado indicar que la actividad petrolera se ha convertido en la principal fuente de propulsión del conjunto de la economía desde 1976, cuando el gobierno encabezado por Luis Echeverría llegaba a su fin. Posteriormente, de 1977 a 1982, cuando la conducción nacional de la política recayó en José López Portillo, la explotación petrolera se convirtió en la actividad más importante de la nación por su nivel de explotación, su grado de penetración en el mercado mundial y su capacidad de captar divisas para un país que se encontraba y se encuentra en graves problemas financieros. La gran riqueza generada a partir del petróleo, sin embargo, fue administrada de manera poco afortunada, poco inteligente y con altos niveles de manejos oscuros. El resultado de esos seis años de gestión petrolera arrojó un mayor problema financiero y productivo al país.
Los dirigentes políticos y económicos se vieron precisados a reconocer, por vez primera en seis décadas, que el país estaba en crisis económica y financiera. Los resultados más agudos y virulentos afectaron no a los dirigentes del país o a las clases dominantes, sino más bien a las clases trabajadoras las que, han asimilado el enorme costo social y económico de la crisis. Estos problemas o procesos hacen más evidente la necesidad de estar al día en el conocimiento sistemático de los aspectos sociales, políticos, económicos, culturales e ideológicos que implica la actividad petrolera.
Desde el punto de vista histórico, hay que recordar la enorme trayectoria social y política de los trabajadores petroleros. Desde principios del siglo XX efectuaron movimientos laborales y políticos ante las empresas extranjeras que explotaban de manera irracional el petróleo de la nación mexicana y pretendían desconocer los derechos más elementales de los trabajadores mexicanos. Como una respuesta lógica, los petroleros fueron ampliando sus niveles de organización y desarrollaron movimientos de huelga antes y después de existir la Constitución de la República, instrumento que institucionalizó los derechos obreros a partir del artículo 123; las empresas extranjeras trataron de pisotear una y otra vez, los derechos obreros; se oponían a reconocer las demandas laborales y la existencia misma de las organizaciones sindicales.
En 1937-1938 los petroleros efectuaron el movimiento laboral y político que condujo a la histórica decisión de expropiar a las empresas petroleras el 18 de marzo de 1938. El gobierno del general Lázaro Cárdenas culminó aquella proeza por el apoyo amplio y decidido que le otorgaron los trabajadores mexicanos y, en primerísimo lugar, por el de los petroleros, que conocían muy bien la vida interna de las empresas extranjeras.
En los años cuarenta, el sindicato petrolero vivió uno de sus períodos más difíciles. Existía una lucha intensa entre dos grandes corrientes: una, la oficial, que pretendía subordinar la vida del sindicato a las decisiones de la CTM o del gobierno y otra, que podría identificarse como la democrática, que intentaba consolidar al sindicato como una fuerza con vida autónoma frente al poder de los sindicatos oficiales y del Estado; el proceso culminó en 1949, cuando las fuerzas oficiales lograron implantarse, en gran parte con violencia, en el conjunto de la organización; aquel suceso es recordado como el “golpe charro” al sindicato petrolero. Similar fenómeno había ocurrido ya en ferrocarriles y estaba ocurriendo en los sindicatos de mineros y electricistas.
En los años cincuenta varios grupos sindicales se disputaban el poder dentro del sindicato petrolero. Todavía no existía un grupo que predominara sobre los demás. En los años sesenta y setenta se va perfilando un grupo amplio, paulatinamente más fuerte, donde va surgiendo un líder, Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”. Este grupo se consolidó en la medida que implantó un sistema específico de dominación muy vasto y muy complejo. Uno de sus aspectos centrales consiste en utilizar los recursos del sindicato para formar empresas productoras de bienes de consumo básico, como alimentos, ropa y juguetes; se presiona a los trabajadores, eventuales o de planta, para que regalen horas de trabajo en las granjas o fábricas cuya propiedad es del sindicato; también se recurre a los medios propios de la organización para establecer canales de distribución; el manejo de los recursos económicos, le proporciona al grupo dirigente una amplia base para mantenerse y reproducirse en varias esferas del sindicato. La fuente principal de los recursos financieros del sindicato es la cláusula 39 del actual Contrato Colectivo, misma que permite el contratismo con terceras empresas y concede al sindicato gigantescos ingresos.
En los setenta y ochenta se han manifestado corrientes de opinión que postulan cambios en la conducción del sindicato. Hasta hoy, son fuerzas localizadas en algunas secciones que se plantean la formación de una corriente nacional, democrática, que impulse mecanismos para una mayor participación de las bases sindicales en la vida nacional del sindicato petrolero. También proponen la participación del sindicato en los esfuerzos por elaborar un programa nacional de la clase obrera que plantee como uno de sus aspectos centrales el problema de la autonomía obrera ante el poder político, ante el poder del Estado.
El presente volumen recoge los trabajos realizados por investigadores formados durante el proceso de expansión que ha caracterizado a la investigación social en las últimas dos décadas. También son investigadores que han observado directamente los movimientos sociales entre 1970 y 1980. Sus esfuerzos responden a la necesidad de elaborar respuestas claras, correctas y explicativas respecto a la compleja realidad nacional, en constante cambio y reacomodo.
Desde el punto de vista académico, la necesidad de realizar estudios sobre la actividad petrolera se amplifica al observar a principios de los años ochenta, que no hay suficientes estudios sistemáticos acerca de la rama petrolera en México y especialmente de la clase obrera aquí localizada. Es necesario conocer, con el mayor rigor posible, cuáles son las características principales de una parte central de la clase obrera, así como las condiciones políticas, económicas y culturales en las que realiza sus actividades cotidianas. En este terreno se ubican los trabajos realizados por los autores del volumen, quienes pretenden y logran aportar elementos sustanciales en la tarea de analizar los procesos sociales y en la conducción de los movimientos situados en la propia rama.
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